
Apiádate
Apiádate de mi piel, ven y quítame la necesidad de tenerte, siento la falta de tus besos, siento tanto calor en cada rincón de mi cuerpo.
Apiádate de mi alma que ya no resiste el tenerte lejos, el tenerte cuando no te tengo.
Apiádate de mis labios que día a día se desintegran de sed por no poder tocar los tuyos, por no poder formar parte de tu boca, por no poder sentir la suavidad de tu sonrisa, la humedad de tu lengua, el tacto de tus manos.
Apiádate de mi cintura que todas las noches pide a gritos que llegues a sofocar el infierno que se provoca cada vez que te veo entre mis ojos, cada vez que te deseo a Ti y a tus dedos, a Ti y a tu universo entero.
Apiádate de mi pecho que espera por que te cobijes sobre mi, te cobijes bajo mis brazos, junto a mi cuello, al lado de mi corazón, al lado de mi sonrisa, de mis manos que te cubrirán del frió de la noche, del vació y del silencio.
Apiádate de mis dedos, que viven tan inquietos al no poderte tocar, al no poder recorrer el largo de tus piernas, el ancho de tu espalda, la profundidad de tu ombligo, la redondez de tus pechos, la profundidad de la gloria.
Apiádate de mi sangre que día a día deja de ser roja y se torna cada vez más AZUL, cada vez más dulce, cada vez más enamorada, cada vez mas tuya, por que cada día te pertenezco más a Ti y menos a mi.
Apiádate de mis respiros, que ahora más parasen silbidos, por que ya les cambio hasta el ritmo, la agilidad y el sonido, por que cada vez son más fuertes, más agudos, más rápidos, que ya hasta son canciones, por que son consecuencia de las dulces emociones que se apoderan de mis organismo cada segundo en el que tu rostro me posee y ya nada puede ser lo mismo.
Apiádate de mi voz que desentona al hablar, que se quiebra al pedir el pan, que se difumina en el viento, que carece de forma y movimiento, apiádate de mis sentidos que están en huelga conmigo, por que se niegan a cumplir sus funciones si es que un beso tuyo no viene a rescatarme de este colapso de sensaciones que rebasan mi cuerpo que intoxican mi razón, pero que de la manera más hermosa le dan fuerza é impulso a cada pequeño latido de mi corazón.
Ciega/
24/03/06
03:30 a. m.
Lima
Apiádate de mi piel, ven y quítame la necesidad de tenerte, siento la falta de tus besos, siento tanto calor en cada rincón de mi cuerpo.
Apiádate de mi alma que ya no resiste el tenerte lejos, el tenerte cuando no te tengo.
Apiádate de mis labios que día a día se desintegran de sed por no poder tocar los tuyos, por no poder formar parte de tu boca, por no poder sentir la suavidad de tu sonrisa, la humedad de tu lengua, el tacto de tus manos.
Apiádate de mi cintura que todas las noches pide a gritos que llegues a sofocar el infierno que se provoca cada vez que te veo entre mis ojos, cada vez que te deseo a Ti y a tus dedos, a Ti y a tu universo entero.
Apiádate de mi pecho que espera por que te cobijes sobre mi, te cobijes bajo mis brazos, junto a mi cuello, al lado de mi corazón, al lado de mi sonrisa, de mis manos que te cubrirán del frió de la noche, del vació y del silencio.
Apiádate de mis dedos, que viven tan inquietos al no poderte tocar, al no poder recorrer el largo de tus piernas, el ancho de tu espalda, la profundidad de tu ombligo, la redondez de tus pechos, la profundidad de la gloria.
Apiádate de mi sangre que día a día deja de ser roja y se torna cada vez más AZUL, cada vez más dulce, cada vez más enamorada, cada vez mas tuya, por que cada día te pertenezco más a Ti y menos a mi.
Apiádate de mis respiros, que ahora más parasen silbidos, por que ya les cambio hasta el ritmo, la agilidad y el sonido, por que cada vez son más fuertes, más agudos, más rápidos, que ya hasta son canciones, por que son consecuencia de las dulces emociones que se apoderan de mis organismo cada segundo en el que tu rostro me posee y ya nada puede ser lo mismo.
Apiádate de mi voz que desentona al hablar, que se quiebra al pedir el pan, que se difumina en el viento, que carece de forma y movimiento, apiádate de mis sentidos que están en huelga conmigo, por que se niegan a cumplir sus funciones si es que un beso tuyo no viene a rescatarme de este colapso de sensaciones que rebasan mi cuerpo que intoxican mi razón, pero que de la manera más hermosa le dan fuerza é impulso a cada pequeño latido de mi corazón.
Ciega/
24/03/06
03:30 a. m.
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